sábado, 7 de septiembre de 2013

Tiempo que no se va pero tampoco vuelve.

Cuanto necesitaba algo así. Pillarte un pedo con tu amiga y volver a casa, dando tumbos. Subiendo a un quinto piso por las escaleras intentando que la vecina cotilla no se enterara. Subiendo tres escalones y callendonos dos. Sin saber el por qué de el descojone que llevamos encima. Entrando en casa descalzas y con un 'Hola papá' que resultara normal. Y es que de siempre, me han podido los jodidos detalles. Ella diciéndome lo mona que estoy recordando hasta pedo, al de siempre y yo cerrándole la boca recordando lo gilipollas que es.
Llegando al portal de siempre y dándole el último trago a la botella, Aquí no se tira nada. Ya hemos tirado suficientemente tiempo. Y entonces me paro y le hablo de lo incompleta que me siento. De la falta que me hace algo y de lo imposible que resulta. En ese momento no me importa la de palabras que salían de mi boca, solo lo mucho que me meaba. Ya me arrepentiría más tarde. Y entonces cuando menos sentido tenía toda la vuelta a casa, en el típico semáforo que todos se saltan, se para y me mira. '¿Sabes cuál es tu problema tía? Que llevas esperando el mismo error desde hace mucho. Eres preciosa y tienes un corazón que aún nadie se merece. Llorale a una botella y a nada más, porque no existe aún alguien que se merezca eso. El día que dejes de esperar, serás más feliz que cuando no parar de reír y se ve ese brillo en tus ojos. Más incluso que eso.'
Cruzamos y ni si quiera supe responderle. Esa obsesionada con la plancha del pelo, iría de lado a lado, pero que verdad me soltó. Y así, puto tiempo que no se va pero tampoco vuelve.

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