sábado, 31 de agosto de 2013

Llenos de.

Porque nada duele más como lo que no tenemos cojones a decir y solo sale escribiendo. La de veces que nos vaciamos escribiendo o pensando, que más da. Hablo de ganar algo sabiendo desde el minuto uno, que un día lo perderemos. Sabiendo que las personas estan hechas de eso. De llegar y llenarte un vacío del que antes ni conocías y un poco después, volver a vaciarlo. Estamos hechos de miedos. De miedo a necesitar más de la cuenta. Miedo a querer y por ello perder. Vivimos, pero entre paréntesis. Una parte nos la pasamos sin siquiera pestañear, porque somos tan felices que no queremos perder ni un segundo con. Luego esta la otra, en la que un Colacao a las doce es la excusa perfecta para pasar un rato contigo. Tú y nadie más. Las cosas que eres, las cosas que dices y por supuesto las cosas que no (que a veces son más que las que sí). Quien dijo que los recuerdos no dolían, no mentía. Es cierto, no duelen sino que rompen.
Los recuerdos llegan a joder tanto, que seguimos queriendo a la persona equivocada, después de estar meses dandonos cuenta de que merecemos algo mejor, solo por el hecho de que echamos de menos lo que una vez vivimos. Y no hablo de mí.
No voy a negar que a veces nos guste rompernos. Rompernos tumbados, quien sabe si un día de lluvia. Pensado en los últimos diez meses. La de personas que más nos han llenado y ahora son simples desconocidos. La de desconocidos que nos han tocado tanto en tan poco, que hasta asusta.

Siempre he sido de escribir lo que me dolía. De antes de tener que dar explicaciones, ir a la nevera y hundirme en una tarrina de helado. De romperme en conversaciones con alguien que estaba a tres horas de avión pero me escuchaba como cuando estaba a centímetros de mí. De quejarme de dolor de tripa después de haber reido hasta reventar. De ir la primera por el pasillo después de ver una peli de miedo, por si ahí fuera había alguien. De estar la primera para todos. De las que se entretenía sacandole la lengua al niño pequeño que tenía sentado en frente en el bus para hacerle sonreír. De decir 'mama, ¿te importa abrazarme?' y sentirme bien. Estamos llenos de cosas, de personas, de botellas a medio acabar y de habitaciones llenas de recuerdos que queramos o no, nunca desaparecerán.

1 comentario:

  1. Me he enterado que casi os roban el otro dia :0 podrias escribir como fue?

    ResponderEliminar