Aprendes, cuando ves que lo que te decía a ti se lo decía a otro y simplemente sonríes y te conformas con que un día tú supiste hacerle reír, que no siempre era tan fácil. Cuando lees cosas que te hacen mirar al suelo y saborear la tristeza. Nadie dijo que todo esto fuera fácil, o que fuera posible sustituir a alguien. Desde pequeños nos hablan de cosas como no aceptar cosas de extraños o no coger el teléfono a nadie cuando estamos solos en casa pero, ¿a qué jodida edad nos enseñan a como ser felices después de haber estado echos mierda? Y jode decir que eso nadie te lo enseña. Siempre he sido de ir rompiendo cosas por casa y no aprender a tener más cuidado con las cosas pero sí aprendí que aunque su olor te parezca el mejor lugar del mundo o su sonrisa la única de la que no te cansarías, esas cosas pueden cambiar.
Vivimos empeñados en que la felicidad esta al lado de alguien y no. Depende de tí pasarte el día pensando en algo que quieres y nunca conseguirás o alimentarte de pizza hasta reventar mientras vas bailando por toda tu casa a ritmo de una de tus canciones favoritas de Nervo. La vida son dos días, uno de ellos ya he decidido pasármelo batiendo el récord de siestas, el otro no pienso joderlo arrastrándome por algo que definitivamente no me pertenece. Y es así, sonríe hasta que te duela la boca y sé lo más hijo de puta antes de que te hagan daño.
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