Cada rizo castaño estrategicamente colocado sobre su hombro.
Labios instintivamente rojos.
Reina de esos pitillos negros ajustados.
Como el día lo requería era una noche de puntos a parte.
Primer paso, vulnerabilidad. Cuantas estaciones habían pasado ya dejándose llevar tras su debilidad, siguiendo pistas de quien había encontrado las suyas en otro juego.
Segundo paso, orgullo. Cuantos días con tripas revueltas por exceso de comer tanto orgullo y noches tiradas por la borda, dejándose llevar por los sentimientos.
Tercer paso, mañana como respuesta a hoy.
Ya llevaba media calle recorrida. Y su vida era como cada baldosa que pisaba, ordenadas pero descuidadas. Era un no pero sí. Un no es mío, pero porque no podría serlo. Un difícil de explicar pero fácil de entender. Todo igual de caótico.
Dame una noche y te pongo al día. Dame tiempo y lo hago mío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario